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Boletín 7. Diciembre 2004
Peligro: sobreendeudamiento familiar
Los últimos datos que publican el Fondo Monetario Internacional, el Banco Central Europeo o el Banco de España, al igual que otras instituciones, advierten sobre los riesgos que entraña el importante nivel de endeudamiento de las familias. Las familias vascas, evidentemente, no son una excepción a esta peligrosa situación.
Parece ser que los mensajes de prudencia a la hora de adquirir deudas, fundamentalmente por la adquisición de una vivienda y los desorbitados precios que el mercado ofrece, no hace que las familias se replanteen su grado de endeudamiento. Muy por el contrario, esta tendencia hacia el endeudamiento sigue creciendo en nuestra economía.
No es ningún secreto saber que el precio de la vivienda está por los cielos. Ello, obliga a las familias a solicitar a las entidades bancarias préstamos cada vez más cuantiosos. Además, el precio actual de los tipos de interés ha hecho y hace, en estos últimos años, que pedir un préstamo no resulte excesivamente gravoso para el bolsillo.
Estos tres condicionantes principales, la necesidad de acceder a una vivienda, un bajo precio del dinero o, lo que es lo mismo, de los tipos de interés, unido al irritante valor del metro cuadrado en cualquiera de nuestras ciudades (las capitales vascas se encuentran entre las más caras del Estado), somete a las familias a unos niveles de endeudamiento sumamente preocupantes en algunos de los casos.
Tomemos por caso que una familia tipo, en la cual trabajan los dos miembros de la unidad familiar, adquiere un piso de 35 millones de las antiguas pesetas, solicitando un préstamo del 100 % sobre el valor catastral, al 4 % de interés a 20 años. Se solicita el 100 % y se concede, por supuesto, con el fin de realizar obras de acondicionamiento. La entrada y notario se paga con la plusvalía del anterior piso si existiera y con algunos ahorros, imaginemos que unos 2 millones ahorrados y otros 3 millones para la entrada y notario. Sobre 37 millones, solicitan 35, 32 millones para el piso y 3 para reformas.
Tienen uno o dos hijos, y una renta familiar y mensual de 350.000 de las antiguas pesetas, para que lo entendamos. Al mes, aproximadamente destinan unas 120.000 pesetas al pago de la hipoteca, un 34 % de su renta. Les sobran 210.000 pesetas con las que hay que hacer frente a los gastos corrientes de la casa, gasolina para el coche, alimentación y poco más. Los niveles de ahorro después de la adquisición de la vivienda decrecen hasta quedarse a cero.
Bien, imaginemos por un momento que las condiciones económicas actuales varían en los próximos años. Es decir, imaginemos, que como nos avisan desde las instancias económicas estatales e internacionales, el precio del dinero aumenta y que el metro cuadrado desciende por que, por ejemplo, y después del boom demográfico de principios de los sesenta y principios de los setenta, baja el volumen de población que está en edad de adquirir una vivienda, no hay excesiva demanda y la oferta sigue a estos niveles.
Bien, situémonos en una situación en la que el precio del dinero se encuentra al 6 % y el precio de la vivienda ha decrecido hasta los 31 millones, es decir, el patrimonio de la familia desciende de los 35 hasta los 33 millones.
Nuestra familia tipo tendría que pagar al banco 175.000 pesetas al mes, aumentando su porcentaje hasta un 50 %, reduciéndose gastos en otras partidas familiares, consecuentemente. Nos encontramos en unos niveles de endeudamiento sumamente preocupantes y que no pueden ser afrontados con el valor de su patrimonio, es decir, por su piso. Deben más de lo que poseen, uniéndose a ello el no poder ahorrar nada.
Además de ésto, se produce una deslocalización de determinadas empresas afectando a uno de los sueldos de la familia de nuestro hogar tipo, terminando en el paro. La situación entonces se tornaría dramática. Un único sueldo para hacer frente, fundamentalmente, a la hipoteca. El paso siguiente es vender un piso que no cubre la deuda con la entidad bancaria.
Esta imaginada situación es de la que se alerta. El riesgo del elevado endeudamiento, motivado por el exagerado precio en el metro cuadrado, puede hacer que, una situación en la cual los tipos de interés suban y el valor de los pisos baje, afecte importantemente a las familias, debiendo más de lo que poseen. Si a ello le sumamos una variación de las condiciones laborales actuales, el drama puede ser imparable para muchos hogares.
Estos datos, y todo apunta en esta dirección, nos tiene que hacer reflexionar sobre nuestra capacidad de ahorro y de gasto, sobre nuestras necesidades de endeudamiento con las entidades bancarias y, sobre todo, con nuestra situación económica particular, con el fin de equilibrar los distintos factores que influyen en este crucial tema para las familias.
Reflexionar y prevenir situaciones imprevisibles cuando hablamos de economía puede ser la diferencia entre sobrevivir a tensiones económicas o la quiebra económica familiar, con todas las consecuencias negativas que puede conllevar.
El ejemplo expuesto es ilustrativo, evidentemente, lo único que pretende es advertir a las familias que las situaciones económicas son tan variables como las meteorológicas y que, en determinadas ocasiones, aunque no se lleguen a escenarios extremos, pueden hacer variar ostensiblemente nuestras capacidades de ahorro o de gasto.
Ante los chubascos siempre hay que tener un paraguas a mano, y aunque resulte aburrido repetirlo una vez más, el ahorro y la previsión resulta lo más adecuado para situaciones en la que nos podamos mojar amargamente.
Ricardo Barquín.
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