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Boletín 8. Diciembre 2005
La Sanidad pública en Euskadi: retos de futuro

La Sociedad Vasca ha experimentado en los últimos años un alto de nivel de desarrollo, hecho este que conlleva unos estándares de bienestar y calidad de vida similares a los de las sociedades europeas más avanzadas. El consumidor vasco demanda cada vez mas, productos seguros y servicios de calidad. Esta demanda se hace más exigente si cabe cuando nos referimos a las prestaciones que nos ofrece la Sanidad publica Vasca, habida cuenta que el Estatuto Vasco de Las Personas Consumidoras y usuarias, contempla en su articulado como derecho fundamental la protección frente a los riesgos que puedan afectar a su salud y seguridad, concebida aquella de una forma integral. Por todo ello, la ciudadanía, demanda unas prestaciones de calidad a las que se pueda acceder en condiciones de proximidad y rapidez, participando en la toma de decisiones que afecten a su salud.

Tomando como referencia el numero de quejas y/o reclamaciones presentadas en los gabinetes jurídicos de nuestra organización podemos deducir claramente que la sanidad publica vasca presenta muy escasa conflictividad, apenas el 0.30 % de las actuaciones totales llevadas a cabo a lo largo del ejercicio 2003, y que como dato significativo destacaríamos que esta cifra ha ido en descenso en relación con ejercicios anteriores. Asimismo del contacto diario con nuestros asociados y en virtud a las actividades que se llevan cabo, estamos en condiciones de afirmar que la sanidad publica en la C.A.V, cuenta con una alta valoración por parte de los usuarios. La ciudadanía valora y reconoce la capacidad de los profesionales sanitarios, la calidad de los servicios que se prestan y general presenta un alto grado de confianza hacia el sistema sanitario publico.

Pero esta situación no significa los usuarios no perciban aspectos negativos que sea preciso mejorar, y es quizás en el nivel más inmediato, el de la asistencia primaria, donde los usuarios centran una gran parte de sus quejas; la masificación de los centros de salud, hace que el profesional sanitario no pueda dedicarle al paciente el tiempo adecuado de consulta, dificultando en muchos casos el poder hacer un seguimiento detallado de la situación del mismo. En la misma situación nos encontramos con el problema de las listas de espera.

Resulta evidente que se ha realizado un esfuerzo importante para reducir los tiempos de espera, y esto es percibido por el usuario, pero se debe seguir incidiendo en ese sentido, sobre todo en acortar los tiempos de espera en pruebas diagnosticas cuya rapidez puede ser determinante en el pronostico y tratamiento de determinadas patologías.

Potenciar la asistencia primaria y acortar tiempos de espera, pasaría entre otras soluciones por un aumento de las plantillas, adecuándolas a la situación real, hecho este que entraría en colisión con los problemas presupuestarios que supone tal hecho.

Control y reducción del gastos

Con frecuencia y contraposición a lo anterior se nos hace llegar a los usuarios el problema que supone para el sistema el gasto farmacéutico. Somos conscientes de esta realidad, el gasto en farmacia consume una gran parte de los recursos y los resta a otros capítulos como pueden ser la inversión en tecnología o investigación. El medico tiene soportar la fuerte presión de la industria farmacéutica, en un sistema que tiene aprobadas mas de 7.000 especialidades que es preciso poner en el mercado. Igualmente existe un desequilibrio entre las actuaciones orientadas mayoritariamente a la curación de enfermedades en perjuicio de su prevención, desequilibrio que es preciso corregir. Para paliar esta situación se debe llegar a un compromiso entre la Administración, profesionales y ciudadanos, compromiso que las organizaciones que representamos a los ciudadanos estamos dispuestos a asumir.

Retos ante el futuro

La posibilidad de mejorar la salud de los ciudadanos tendrá que ser abordada desde un punto de vista que contemple el cuidado de la salud desde un punto de vista no exclusivamente sanitario, sino teniéndose en cuenta aspectos socioeconómicos y arbitrando políticas que incidan en la mejora de la calidad de vida de los ciudadanos. Por ello se hace imprescindible una estrecha coordinación entre el sistema sanitario y los servicios sociales.

Asimismo, los cambios demográficos que se están experimentando, con un aumento en la esperanza de vida de los ciudadanos, obligará al establecimiento de servicios que fomenten cuidados preventivos destinados a mantener la capacidad funcional de las personas, así como incrementar los cuidados de larga duración para patologías tales como demencias, alzehimer, etc..

La aparición, sobre todo entre los más jóvenes de patologías, tales como la anorexia, bulimia y otras, junto con lo expuesto anteriormente, hace que la atención psiquiatrita deba ser objeto de atención preferente en un futuro, así como el aumento de esfuerzos y recursos en la investigación de las nuevas formas de enfermedad que irán apareciendo.

Finalmente, para llegar a una sanidad publica que llegue a ciudadanía, hay que acercar aquella al ciudadano, articulando cauces para que estos puedan participar en las diferentes políticas que se vayan estableciendo con voz propia y capacidad de decisión.

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