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Consumir de acuerdo a nuestras necesidades reales y a nuestra capacidad económica, evitando realizar un gasto incontrolado al que nos cueste hacer frente. |
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Procurar no caer en el consumo irreflexivo e impulsivo, analizar las necesidades y las obligaciones así como distinguir lo insustituible y lo verdaderamente necesario. |
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Elaborar una lista, antes de ir de compras, en la que apuntemos lo necesario y ceñirnos lo máximo posible a ella. |
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Evitar comprar de forma alocada nada más cobrar el sueldo, en momentos de tristeza o cuando se tiene el estómago vacío. |
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No dejarnos cegar por las ofertas y comprobar que éstas realmente lo son. |
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No dejarnos manipular por la publicidad y por otras influencias consumistas, desarrollando un espíritu crítico que contribuya a protegernos del gasto incontrolado. |
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Distinguir entre el uso de las tarjetas como instrumento de pago del uso como medio de obtención de crédito. En el primer caso, podemos no ser conscientes del gasto y comprar en exceso. En el segundo, aún más peligroso, podemos acostumbrarnos a gastar mediante las tarjetas de crédito el dinero que aún no tenemos. |
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No comprar a crédito cosas que puedan esperar a que tengamos el dinero suficiente para pagarlas al contado. |
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Antes de realizar la petición de un crédito debemos analizar si seremos capaces de soportar la deuda que conlleva. Lo aconsejable es solicitarlo cuando es verdaderamente necesario y no acostumbrarnos a vivir permanentemente endeudados. |
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Tener en cuenta que un endeudamiento superior al 20% de los ingresos puede implicar una situación de endeudamiento progresivo. Por ello, cuando se contraen deudas de larga duración, hay que prever la situación económica que tendremos durante los próximos años. |
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Llevar un control exhaustivo de los gastos, el saldo de las cuentas y las fechas en las que tendremos que realizar los pagos. |
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Tener como prioridad la reducción de la deuda, utilizando todo el dinero disponible y el que pueda sobrar a fin de mes para invertirlo en ello. |
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Y, ante todo, tener en cuenta que el hecho de adquirir bienes o contratar servicios en exceso, lejos de favorecer una mejor calidad de vida, provoca estrés, nerviosismo y poca satisfacción. |
Fuente: Departamento de Industria, Comercio y Turismo del Gobierno Vasco.